Protegerlos sí, prohibirles no: por qué subir la edad de juego a 21 no funciona
Se ha armado un debate bastante necesario en España tras la última propuesta de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) para la reforma de la ley del juego. Su idea era llevar una perspectiva de salud pública a la DGOJ, pero entre todo lo que plantearon, hay un punto que se ha llevado toda la atención: estudiar si la edad mínima para apostar tendría que subir de los 18 a los 21 años.
Y sí, para mí esta propuesta no es descabellada, de hecho entiendo muy bien de dónde viene la idea: la preocupación por cómo se relacionan los jóvenes y las apuestas es real (siempre lo ha sido) y tampoco es secreto que nadie quiere ver a los chicos de veintipocos pasando por problemas con la ludopatía.
Lo que pasa es que la cosa no siempre es tan fácil: cuando se analiza la situación desde la calle, desde el mundo real, uno se da cuenta muy rápido de que restringir el acceso a gente que ya es adulta no es que arregle mucho; es más, a veces tiende a empeorar la situación.
En el fondo del asunto: ¿Qué es lo que pide exactamente SESPAS?

La SESPAS propone estudiar subir de 18 a 21 años la edad mínima para apostar en España.
Para dar una opinión concreta y coherente siempre es necesario dar un poco de contexto. El informe de SESPAS sobre el juego se apoya en que la madurez cerebral y la gestión del riesgo no terminan de asentarse del todo a los 18 años. De ahí que el informe plantee que la edad legal del juego en España debería revisarse.
Ahora bien, el documento no se queda solo en el límite de edad. De hecho, trae consigo una serie de peticiones técnicas bastante potentes:
- Verificación real de identidad: Quiere que haya controles mucho más estrictos de identidad para que no haya manera de que nadie utilice datos de otras personas para abrir cuentas o para hacer pagos y retiros.
- Vinculación del RGIAJ con los pagos: La idea es que el registro de autoexclusión se conecte directamente con las pasarelas bancarias y, por tanto, pueda bloquear los depósitos de forma automática, siempre y cuando la persona autoexcluida sepa que está en el registro.
- Revisión de las promociones y bonos: También busca frenar (de nuevo) las ofertas de bienvenida y las demás estrategias que puedan incitar a jugar de manera compulsiva.
- Separación del deporte de las apuestas: Finalmente, buscaría reducir la presencia del sector del juego en los diferentes recintos y eventos deportivos.
Los 18: Su incoherencia teórica y el peligro del mercado negro
Ya con las ideas generales claras, es momento de dar mi punto de vista: para mí, la propuesta de los 21 años patina, especialmente porque a los 18 años la ley española considera que una persona de esta edad es adulta para absolutamente todo.
Con 18 años puedes votar, conducir un coche, firmar un contrato de trabajo, casarte y hasta irte a la guerra, si fuera el caso. Si puedes hacer todo eso, simplemente es un contrasentido decir que una persona de 18 tiene la capacidad y el juicio suficientes para elegir el gobierno de su país, pero no para gestionar cómo se gasta su dinero en un rato de ocio. Además, valga decir que según el National Institute of Mental Health (NIH), el desarrollo cerebral no se alcanza plenamente hasta, mínimo, los 25 años; así que, en teoría, subir la edad a 21 tampoco haría gran efecto.
Por otro lado, en la práctica sigue habiendo un peligro evidente: el juego ilegal en jóvenes. Seamos sinceros: un chico de 19 o 20 años que quiera apostar un sábado por la tarde no va a renunciar a hacerlo solo porque el estado subió la edad mínima legal.
Al final, lo anterior no cambia el camino ni las mañas con las que se infiltra el mercado negro. Si le cierras la puerta de las webs autorizadas —que tienen límites de depósito, verificación de DNI y supervisión estatal—, lo que va a hacer es buscar cabida en páginas sin licencia, alojadas en paraísos fiscales o en canales de Telegram. Lo peor es que ahí sí que no hay reglas, no hay protección y, mucho menos, alguien que le pregunte (o le interese) la edad.
Lo que se nos olvida en el debate: el entorno y las familias
Muchas veces nos enredamos en la discusión de los decretos, las leyes y las sanciones, pero se nos olvida que el contexto generalmente parte de la casa, de la familia. Ninguna ley de 21 años va a sustituir lo que se habla en la mesa de una familia. De hecho, de acuerdo con el mismo estudio del NIH, el desarrollo del cerebro se fortalece con las interacciones y aprendizajes sociales. Es ahí en donde pueden cambiar muchas cosas.
Creo, entonces, que la prevención de verdad necesita darle herramientas a los padres y profesores para detectar señales a tiempo: cambios raros con el manejo del dinero, aislamientos e, incluso, uso compulsivo del móvil.
Además, para mí es fundamental crear espacios que dejen de transformar el tema en un tabú o fiarlo todo a una prohibición estatal; esto solo hace que los jóvenes se escondan más. En cambio, si abrimos la conversación sin dramatismo, es mucho más sencillo orientarlos hacia un consumo sensato y consciente.
Mi alternativa: educación desde el principio y controles que sirvan
Considero que, en lugar de poner parches con límites de edad que, en la práctica, nadie va a respetar en internet, la clave está en dos frentes claros: educar pronto y aplicar herramientas y tecnología de verdad para responder a necesidades básicas en la concientización y la sensibilización sobre el juego y sus riesgos:
- Aprender del dinero y sus riesgos desde pequeños: A mi modo de ver, la educación financiera y el pensamiento crítico son clave en cualquier momento, por lo que se deberían trabajar en los colegios y familias mucho antes de cumplir la mayoría de edad.
- Entender el juego como lo que es, un entretenimiento: Desde que se entiende la idea, es clave empezar a insistir en que apostar debe ser una actividad muy puntual y para pasar el rato, para divertirse. Jamás debe venderse como una vía para ganar dinero o salir de un apuro.
- Conectar el RGIAJ con los bancos: Para mí, esta sí que sería una decisión acertada. Si una persona autoexcluida intenta meter dinero, el banco podría cortar la transacción al instante. Mientras que se controle la medida a doble vara que nubla el propósito del registro, acá sí se reduce el riesgo y el limitante es claro y efectivo en el momento.
- Garantizar controles rigurosos al apostar a los 18: Usemos la tecnología a nuestro favor, para el beneficio de los más jóvenes, como la biometría o verificación oficial del DNI, para asegurar que quien está detrás de la pantalla tiene la edad legal y es quien dice ser.
Con ello reafirmo mi opinión de que la edad mínima para apostar debe mantenerse a los 18 años, en consonancia con el resto de deberes y derechos de la mayoría de edad en España. Lo que sí respaldo de verdad son los controles técnicos de acceso y, sobre todo, una educación firme para la infancia. Prohibir por prohibir solo empuja el problema fuera de la vista; educar y controlar bien es lo único que garantiza un ocio consciente y sin sustos.
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