Gana 35.000 € y no cobra: estaba en el registro de autoexcluidos
Carmen, una mujer de 79 años, lleva más de un año sin poder cobrar un premio de 35.000 € de la ONCE por figurar en el registro de autoexcluidos sin su consentimiento. Su caso destapa las severas fallas del sistema, que le permitió comprar el boleto pero ahora le frena el cobro.
Ganar la lotería es algo que no a todo el mundo le pasa, pero no poder cobrar el premio es algo aún más insólito. Pues esa es exactamente la pesadilla que está viviendo Carmen, una vecina de Murcia de 79 años.
El 05 de agosto de 2025, la mujer compró un cupón de la ONCE sin que nadie le pusiera ningún problema. Todo mejoró cuando le salió el premio gordo: 35.000 euros. En medio de la felicidad, Carmen fue a cobrar su dinero y ¡sorpresa! Se topó con un muro burocrático que le impidió cobrar un solo euro, ¡verdaderamente increíble!
Al día de hoy han pasado más de trece meses y Carmen sigue con el mismo problema. ¿El motivo? En la ventanilla de cobro le dijeron que su nombre figura en el registro de autoexcluidos, una lista pensada para que las personas con problemas con las apuestas no puedan jugar.
¿Qué pasó realmente con Carmen? Firma falsa y hasta un pueblo equivocado

Figurar en el registro de autoexcluidos bloquea el cobro de premios de la ONCE, aunque se compre el cupón.
Ya de por sí la historia es bastante surrealista, pero todo puede llegar a un nuevo nivel: Carmen asegura por activa y pasiva que ella jamás se apuntó a esa lista; de hecho, asegura que no tiene ningún problema con el juego. ¿Cómo era posible que llevase más de una década fichada en una lista oficial sin tener la más mínima idea?
Ahora bien, aunque todas las sospechas apuntan a su difunto marido, ante el bloqueo, su hija Raquel y su abogado iniciaron una investigación que ha tardado más de un año en dar sus primeros frutos. Hicieron de todo para conseguir que la administración les facilitase una copia del expediente original redactado en 2012. Cuando por fin tuvieron el papel en mano, todas las sospechas cobraron sentido, ya que el documento estaba plagado de anomalías y errores de bulto:
- Una firma que no es la suya: La rúbrica estampada en la solicitud confirma que la firma no es la de Carmen. Así, de nuevo, las sospechas recaen en el marido difunto, quien habría realizado el trámite a sus espaldas por razones poco claras hasta el momento.
- El municipio mencionado también está mal: La solicitud ubica la residencia de Carmen en el municipio de Huércal-Overa, en Almería. Sin embargo, Carmen es originaria de Málaga y no tiene vinculación con la localidad antes mencionada.
- Formulario irregular: La defensa también detectó que el trámite no se gestionó utilizando un formulario oficial, el cual es exigido por la normativa para formalizar la inclusión de este tipo.
A pesar de lo anterior, en la ONCE dicen que solo están cumpliendo las normas: si al revisar la base de datos la DGOJ marca que alguien está inscrito, el pago se bloquea de forma automática. Solo se entregarán los 35.000 euros si un juez o la misma administración anulan esa inscripción de 2012.
Mientras tanto, el abogado de Carmen pelea la apelación ante la DGOJ para demostrar la falsedad del documento, pero el tiempo sigue pasando. Ha pasado más de un año y el premio continúa atrapado en el limbo de la burocracia.
La gran contradicción del sistema: Puedes comprar, pero no cobrar
El problema de fondo no es que Carmen no haya podido cobrar, sino más bien es el tremendo fallo del sistema, una contradicción que indigna a cualquiera, especialmente en un sistema en el que el registro se ha triplicado en los últimos años. Si Carmen estaba en el RGIAJ para que no pudiera jugar, ¿por qué el vendedor le cobró el boleto en su momento sin decirle absolutamente nada?
Entonces, la realidad es que el sistema no pone problema para quedarse con tu dinero cuando compras, pero si te toca ganar de repente aparecen todos los controles y limitaciones habidos y por haber.
Ahora bien, el problema no se queda ahí, de hecho, la falla del registro va en las dos direcciones y basta con mirar un caso sucedido hace unos días para entenderlo. El pasado 22 de septiembre, la Audiencia Provincial de Zamora le quitó una multa de 6.000 euros a una empresa de juego de León que había dejado apostar durante meses a un hombre que sí se había inscrito voluntariamente en el registro de autoexclusión. Un desastre por los dos lados: al que no quiere jugar lo dejan entrar, y a la que no sabía que estaba apuntado le quitan su premio.
Guía sobre el RGIAJ: Qué es, cómo saber si estás dentro y cómo darte de baja
Puede que después de leer este caso te hayan entrado dudas sobre la autoexclusión del juego en España o sobre cómo funciona la autoexclusión de la ONCE. Por eso, en este apartado intentaremos explicarlo lo más claro posible.
Lo primero es que el RGIAJ corresponde a las siglas del Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego. Es una lista oficial del Estado en la que se apunta la gente que no puede (o no quiere) entrar más a jugar en salas de apuestas, casinos ni páginas de juego por internet. Sin duda, uno de sus propósitos es disminuir el riesgo de adicción al juego.
Ahora bien, para evitar un caso como el de Carmen y responder a cómo saber si estoy autoexcluido, podrás comprobarlo en la sede electrónica de la DGOJ con tu certificado digital, DNI electrónico o el sistema Cl@ve.
En caso de querer salir del registro de autoexcluidos, deberás pedir la cancelación en la propia página de la DGOJ o completando el formulario en un registro público. Eso sí, debes tener en cuenta que la ley te obliga a estar inscrito al menos 6 meses antes de poder solicitar la baja. El trámite suele tardar unos días laborales en completarse.
Por otra parte, si tienes cualquier problema a la hora de reclamar un premio a la ONCE o notas algo raro con tus datos, puedes presentar un recurso o queja directamente en el registro electrónico de la DGOJ, además de reclamar ante el servicio de atención al cliente de la propia ONCE.
Sin duda, historias como la de Carmen demuestran que las herramientas de protección al jugador necesitan una revisión urgente. No es justo que haya tantas contradicciones que amarguen la vida a unos cuantos y dejen desprotegidos a aquellos que de verdad lo necesitan. Por ahora, habrá que ver si la justicia le da la razón pronto a esta vecina murciana.
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