Lotería vs juego online: la contradicción de la regulación en España
Con la llegada de noviembre, no solo Mariah Carey desempolva el espíritu navideño del armario. En España recibimos el esperado y emotivo anuncio de la Lotería de Navidad 2025. Este año, bajo el lema “Décimo enmarcado”, un eslogan que evoca la nostalgia y apela a las tradiciones familiares, anunciando los “sentimientos que se esconden detrás de cada décimo”.
Tan solo un par de semanas antes, la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ) y el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 anunciaban la implementación del Real Decreto 958/2020. Éste obligaría a los operadores de juego online privado a sustituir mensajes como “juega con responsabilidad” en sus páginas web y aplicaciones por advertencias directas. Similares a las que vemos en los paquetes de tabaco.
Como editora general de casinos-online.es, comparador de juegos de azar en España, me preocupa la discrepancia en el mensaje. Aunque la medida que está tomando Consumo sea una estrategia bienintencionada para proteger a los jugadores, a mi parecer debería ser analizada en un contexto más amplio. ¿Por qué los juegos gestionados por el Estado, como la Lotería Nacional y los rascas de la ONCE, no están sujetos a la misma rigurosidad?
La discrepancia es evidente y preocupante. Mientras se busca restringir y estigmatizar el juego online privado con mensajes alarmistas, se enaltece la Lotería de Navidad con valores emocionales y culturales. Lo que me parece una clara muestra de doble moral por parte de los entes reguladores. Esta situación no solo revela una contradicción en las políticas de juego, sino que me parece un mensaje muy peligroso de cara al usuario. A todos nos interesa que exista regulación, sobre todo en una sociedad como la española, donde los juegos de ocio son tan normalizados.
Recordemos que, según cifras de la DGOJ, en el año 2024 el 85,1% de los ciudadanos residentes en España de entre 18 y 75 años jugó a algún juego de azar, perteneciente tanto al sector privado como al público.
Protección a los menores: Responsabilidad de todos
Según la encuesta ESTUDES, en 2023, el 21,5% de los y las estudiantes de entre 14 y 18 años ha jugado con dinero online y/o presencialmente en el último año (en comparación con el 20,1% en 2021).
Los juegos estatales no son una excepción en la entrada del juego entre los adolescentes. Según el informe ESPAD 2024, el 57% de los adolescentes españoles que juegan con dinero lo hace mediante loterías y rascas, y en el ámbito online, el 46% de los menores que juegan también recurren a estos productos. A nivel europeo, España se sitúa por encima de la media en cuanto a la participación juvenil en loterías y rascas. Esto indica que, a pesar de los controles y restricciones aplicadas al juego privado, el juego público sigue siendo una influencia significativa, y mucho menos regulada.
Desde mi punto de vista, esta dicotomía confunde a la ciudadanía. Se transmite el mensaje de que un tipo de juego es inherentemente peligroso y merece ser señalado con advertencias severas, mientras que otro, bajo la gestión del Estado, es glorificado y asociado a sentimientos nobles y comunitarios. ¿Es esto verdaderamente justo?
Los juegos de azar son tan españoles como el tapeo
Cifras recientes del informe EDADES muestran que, en 2024, el 53,8% de la población española de entre 15 y 64 años participó en algún tipo de juego de azar, ya sea presencial u online. Dentro de estos datos, la lotería convencional (99,0%) y las loterías instantáneas (30,9%) ocupan el primer lugar en términos de preferencia. Es revelador que el 33,0% de los juegos practicados online correspondan a loterías tradicionales, mientras que otros juegos, como las apuestas deportivas (36,0%), se encuentran en un significativo declive.
La regulación del juego debe ser justa y equitativa. No puede haber un doble rasero que favorezca a unos operadores sobre otros. Si el objetivo es la protección del consumidor, especialmente los más jóvenes, entonces todos los tipos de juego deben estar sujetos a la misma rigurosidad. Esto incluye tanto a los juegos online privados como a las loterías y rascas gestionadas por el Estado.
Una regulación dispareja no solo es injusta, sino que también es contraproducente. Crear un estigma alrededor de un sector mientras se glorifica otro podría tener efectos adversos sobre la percepción del riesgo y la actitud hacia el juego. Es fundamental que las políticas públicas sean coherentes. Necesitamos un enfoque regulatorio que proteja a todos los jugadores, independientemente del tipo de juego que elijan.
En conclusión, el juego, tanto privado como público, es una realidad arraigada en nuestra sociedad. Debe ser tratado con una política coherente y equilibrada que no favorezca a unos operadores sobre otros ni estigmatice a sectores específicos. Si realmente nos preocupa regular el juego en beneficio del público que lo consume, debemos asumir la responsabilidad de manera transversal y equitativa para todos los involucrados.
Solo así podremos avanzar hacia una industria del juego más transparente y responsable. Es hora de que las autoridades revisen y reconsideren sus políticas para garantizar que todos los tipos de juego operen bajo un marco justo y equilibrado, protegiendo a los jugadores y fomentando un entorno seguro para todos.

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