Phil Ivey y el edge sorting: la historia del jugador que batió al baccarat
El edge sorting es un método de dudosa legalidad. Los jugadores lo utilizan para lograr ventaja sobre la casa. Te contamos la historia de Phil Ivey, que se hizo millonario gracias a esta técnica.
En 2012 Phil Ivey ganó unos 20 millones entre un casino de Londres y otro de Atlantic City sin tocar una sola carta marcada. Ocho años y tres tribunales después, la pregunta seguía siendo la misma: ¿aquello fue hacer trampas o aprovechar un defecto de fábrica?
Quién es Phil Ivey
Phil Ivey era considerado uno de los mejores jugadores de póker en el cambio de siglo. Jugador profesional, ha ganado once pulseras de la Serie Mundial de Póker, la última en 2024, y tiene un título del World Poker Tour. Conocido como el «Tiger Woods del póker», en 2017 entró en el Poker Hall of Fame.
El gran maestro canadiense Daniel Negreanu decía que si había un Tiger Woods del póker ese era Phil Ivey, y no precisamente por la apariencia física de ambos, sino porque ha sido el mejor a una edad relativamente joven.
Hasta aquí, la historia de un jugador de póker que ha ganado mucho jugando al póker. Pero Ivey ambicionaba más, y le gusta jugar en mesas con límites altos. Cuando se dejaba ver en un casino, muchos se frotaban las manos: la atención mediática estaba asegurada. En 2012 apareció junto a una discreta jugadora china en Crockfords, un casino del exclusivo distrito londinense de Mayfair, el mismo circuito de clubes donde dos siglos antes se jugaba al whist, dispuesto a jugar a punto banco. Aquí empieza la historia del edge sorting.
En Crockfords ganó algo más de siete millones de libras. El casino se negó a pagar y le devolvió solo el millón que había apostado al principio, alegando que había empleado un método ilegal de marcado de cartas. Unos meses antes, en el Borgata de Atlantic City, Ivey y su acompañante Cheung Yin «Kelly» Sun habían ganado más de nueve millones y medio de dólares en la misma mesa.
Pero Ivey no había marcado ninguna carta. ¿Qué había hecho entonces?
¿Qué es el edge sorting?
El edge sorting consiste en reconocer el valor de una carta boca abajo aprovechando que el dibujo de su dorso no es perfectamente simétrico. Si una baraja está cortada con una milésima de desviación, en unas cartas el motivo del borde aparece completo y en otras cortado por la mitad. Quien sabe mirar puede separar las cartas altas de las bajas sin verles la cara.
Traducido literalmente sería ordenar según los bordes. Todas las cartas deberían tener el mismo dibujo por detrás, y lo tendrían si estuviesen cortadas con precisión milimétrica, pero aparecen variaciones. Las asimetrías son imperceptibles al principio; por poco que te fijes, comprobarás que en algunas cartas el diamante del borde sale entero y en otras de la misma baraja solo la mitad.
Saber qué carta viene es una ventaja enorme. En el baccarat las que interesan son el 6, el 7, el 8 y el 9: si puedes reconocerlas antes de que se descubran, la ventaja de la casa se da la vuelta. Ni Ivey ni Sun consideraron nunca que hubiesen hecho nada ilegal. Su argumento era simple: no tocaron las cartas, solo miraron mejor que el casino.
Cómo funciona el edge sorting paso a paso
La técnica no sirve de nada sin la colaboración involuntaria del casino. Este es el mecanismo que Sun e Ivey pusieron en marcha en las dos mesas.

- Detectar la asimetríaLocalizar en el dorso un motivo que no esté centrado y que permita distinguir un borde del otro.
- Pedir que giren las cartasIvey solicitaba al crupier que rotase 180 grados determinadas cartas, alegando una superstición.
- Dejar que la baraja vuelva al sabotLas cartas giradas se recogían y volvían a entrar en juego con la orientación cambiada.
- Leer la mesaEn las manos siguientes, un 6, un 7, un 8 o un 9 se reconocía por el borde antes de darle la vuelta.
Había otras dos condiciones. Pidieron un crupier que hablase mandarín, para que Sun pudiera dar las instrucciones sin levantar sospechas, y que la baraja no se cambiase entre manos. El casino aceptó las dos: a un jugador que apuesta cientos de miles por mano se le conceden caprichos.
Cheung Yin «Kelly» Sun, la verdadera arquitecta del método
El nombre que aparece en los titulares es el de Ivey, pero quien estaba detrás del método era Kelly Sun. Nacida en China e hija de un empresario adinerado, fue enviada a París a estudiar diseño de moda y acabó dedicándose al juego. Calcula que en su juventud perdió alrededor de 20 millones de dólares de su padre en casinos de medio mundo.
En 2006 pasó tres semanas detenida en Las Vegas por un pagaré de 100.000 dólares que no cubrió en el MGM Grand. A partir de ahí se dedicó a estudiar los defectos de fabricación de las barajas hasta convertirse en la mejor del mundo leyendo bordes, lo que le valió el apodo de The Baccarat Machine.
El reparto de papeles era claro. Ivey ponía el nombre: como figura mundial del póker recibía trato de favor en cualquier casino, y nadie discutía sus peticiones en la mesa. Sun ponía el ojo, decidía qué cartas había que girar y llevaba la cuenta. Ella sigue sosteniendo hoy que lo que hicieron fue perfectamente legal, y su versión de la historia llegará al cine: Awkwafina tiene el papel de Sun en una película sobre el caso.
Del casino al tribunal: qué dijeron los jueces
Lo que empezó en dos mesas de baccarat terminó en tres tribunales y ocho años de litigio. La primera parada fue Atlantic City: en abril de 2012 la pareja se llevó unos 9,6 millones de dólares del Borgata en cuatro sesiones, y en agosto repitieron en Crockfords con 7,7 millones de libras que el casino londinense se negó a pagar. En 2014 el Borgata demandó a Ivey y a Sun; Ivey, por su parte, ya había demandado a Crockfords para cobrar lo suyo.
En diciembre de 2016 un juez federal de Nueva Jersey falló a favor del Borgata y condenó a Ivey a devolver 10,13 millones de dólares, no por marcar las cartas sino por incumplir el contrato que todo jugador acepta al sentarse a la mesa. Diez meses más tarde, en octubre de 2017, el Tribunal Supremo del Reino Unido desestimó el recurso contra Crockfords y concluyó que había hecho trampa, aunque él no se considerase un tramposo.
Esa sentencia británica es la que más ha dado que hablar, y no solo entre personalidades del póker: al resolver el caso, el Tribunal Supremo cambió el criterio con el que los tribunales ingleses valoran la deshonestidad. Desde entonces ya no importa si el acusado creía estar actuando correctamente, sino si lo que hizo es deshonesto para una persona razonable. Ivey perdió el dinero y, de paso, dejó su nombre en los manuales de derecho penal.
La historia con el Borgata, en cambio, nunca llegó a sentencia firme. Ivey recurrió, y en julio de 2020 las dos partes pactaron antes de que el tribunal de apelación se pronunciase. Las condiciones del acuerdo no se hicieron públicas, así que nadie sabe cuánto acabó pagando, ni si pagó algo.
Queda la pregunta de fondo: ¿son Sun e Ivey unos tramposos o se trata de un defecto en la baraja? El propio Borgata pareció dudarlo, porque además de a ellos demandó a Gemaco, la empresa que fabricaba los naipes de las dos mesas. En marzo de 2018 el mismo juez rechazó cinco de las seis demandas y le dijo al casino que, como mucho, podía reclamarle el coste de reponer la baraja defectuosa: 27 dólares. Tómatelo como quieras.
Si lo que te interesa es la mesa y no el juzgado, el baccarat y el punto banco se juegan hoy con crupier real en los casinos en vivo, y el póker online sigue siendo el terreno donde Ivey se hizo un nombre.
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